Meses de espera y el entorno no tomaba color, ni un leve latido en su corazón y su rostro más pulcro que nunca. Su mejor actuación –decía el- , la perfecta decoración que caía sobre sus hombros elevaba el paisaje al nivel del mejor gusto de Dios. Todo parecía olvidado, en la basura, la pagina se había dado vuelta decían algunos y que la vida, ya casi constituida con un postmoderno y amarillismo cinismo, tenia algo de la mejor de las gracias. Sus recuerdos.
Tres, dos, uno. El despertador dispara su mejor canto y el más odiado, frio y su piel hacen juego al tocar descalzo el suelo y despertar hace que el amanecer duela un poco más que ayer. Nada se olvida, es lo que te soporta se repasaba en la mente, machacando el ultimo gran sueño en el que vino ella, con su piel de almendra y ojos infinitos.
Rendida al placer de la ilusión que el amor nunca le dejo el; ella casi en un ciclo con sentimiento de infarto cruzó el río y siguió adelante. Elegante y segura, fresca y madura; cada mañana regalaba una sonrisa a la vida que se derretía con su calor; él al otro lado de la ciudad nublaba y teñiaa de negro con cada paso , cargando la angustia de la semana, un pedazo de olvido que le hacia cruzar los dedos en ese preciso instante en que ella soltaba dos o tres palabras: Su regalo, el más tierno y empañado, difícil de entender.
La mente no supera al corazón – se decía- pero sí, casi como un reflejo, se empañaba las lágrimas para evitar recordar porque estaba donde estaba, porque había sucedido todo y porque se centraba en alejar a cada persona que se lanzaba a la aventura de quererle. Estaba convencido de no poder.
Y finalmente llegaba el día, inconsistente, inconsecuente, imposible de entender. Ella salía en silencio, convencida de amar, de amar y olvidar. Él esperaba la transacción sonriente, la mejor de sus caretas hacia el día brilla; suficiente fortaleza como para tratar tomar algo de su aliento y recordar que la ama tanto como para dejarle ir por todo el daño causado.
Dos arcoíris pitando el cielo y una buena excusa para volver a creer en Díos.
Un par de palabras van y vienen, y ella destinada a alejarse, el destinado a simular el olvido. Ella cierra la puerta. El se deshace en la ventana de su auto, su cabeza es mas pesada, sus lagrimas sufren de estrías que la vida dejo, el cielo está intoxicado de las sombras que el olvido dejó. La espera no se agota, la espera pinta su esperanza, el no deja de creer, no se deja querer, el sol espera y sabe que no debe esperar, porque su silencio es solo de él, no lo comparte, ella ya camina en otra vereda, ella se ríe de sus textos, ella no suspira ni corre al amanecer, ella cree que esta enamorada y su corazón se rinde al silencio de los sonidos paganos.
El observa la noche, ya el cuerpo conoce su pijama, patético, en silencio y mas rubio que de costumbre, sentado en su cama, se miente y prefiere pensar en cualquier cosa o suspirar de mentira por quien cree que lo posee, pero el sabe que antes de cerrar los ojos y que se dilaten las pupilas soñará otra vez con ella; será lo ultimo que camine por su mente antes que caiga la media noche y la luna brille haciendo bulla a las sonrisas enlutadas que el cielo bajó.
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